Algunos proyectos nacen del análisis de mercado. Otros, como Neko Escalada, surgen de detectar una necesidad real, desde lo cotidiano, desde lo que falta. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en Logroño: no existía un espacio dedicado a la escalada como actividad deportiva, social y cultural.

Marcos Quesada, uno de los tres fundadores, lo vio claro desde el principio: “Neko Escalada nace de detectar una necesidad que había aquí en la ciudad de Logroño, que es que no había salas comerciales de escalada como tal.” Y no se trataba solo de llenar un vacío en la oferta deportiva, sino de construir algo con identidad propia, algo que reflejara valores compartidos.

Desde el inicio, su visión fue más allá de lo puramente físico: “Esto es un sitio donde puedes hacer deporte y ponerte en forma, pero también divertirte y socializar.” Y con esa intención nació el corazón del proyecto. Como ellos mismos dicen, “queremos crear algo de lo que nos sintamos orgullosos”, y por eso apostaron por hacer de Neko no solo un club de escalada, sino un verdadero centro social, cultural y deportivo.

La historia de Neko también es una historia de salto personal. Para sus impulsores, recién salidos de la universidad, embarcarse en esta aventura fue enfrentarse de golpe a un mundo de responsabilidades. “Salgo de la carrera y trabajo un periodo corto de tiempo, pero claro, esto es un salto muy grande, mucha responsabilidad, muchas cosas que hacer, mucho en lo que estar pendiente todo el rato.” Empezar un negocio no es solo diseñar un espacio, es gestionar un equipo, tomar decisiones estratégicas y sostener una inversión importante.

Pero más allá del reto empresarial, hay una propuesta de valor clara. Porque en Neko no se trata solo de entrenar fuerza o resistencia. “Todo el mundo sabe que levantar hierro funciona y te pones fuerte, pero con la escalada en boulder conseguimos que llegar a ese objetivo físico o deportivo sea mediante una actividad que es muy divertida.” Aquí, el cuerpo y la mente se entrenan a la vez, en un entorno que estimula tanto el desafío personal como la conexión social.

Y es que, incluso si vienes solo, no lo estarás por mucho tiempo: “Te aseguro que si tienes un día a escalar tú solo, acabas conociendo mínimo dos o tres personas y escalando con ellos.” Esa es la magia de Neko: una comunidad que se forma entre presas y buen ambiente.

La mirada hacia el futuro también está clara. Neko no quiere quedarse en una única localización. Tiene una meta ambiciosa, repetida como un mantra entre el equipo: “10 salas en 12 años.” Lo ven como un modelo de negocio escalable y con impacto: “Queremos hacer de este negocio un modelo que sea rentable, replicable y escalable.” Y trabajan cada día para que esa visión sea sostenible y coherente con sus principios.